Bienestar

“Sí, soy chismosa, pero no puedo evitarlo”

El chisme es tan antiguo como el ser humano y estudios demuestran que tiene un origen psicológico y social, por lo que podría ser inevitable.

Quien no haya parado oreja a un buen chisme, ¡que lance la primera piedra! A todos nos ha pasado… por más que tratemos de resistirnos, las habladurías negativas sobre la vida de las otras personas nos seducen, y sin quererlo terminamos juzgando y hasta culpando a personas que ni conocemos, y que realmente ni nos importan.

Pero, ¿por qué pasa esto? ¿Acaso existe un gen del chisme? ¿O es que realmente somos muy prejuiciosos y sucumbimos ante cualquier historia ajena? Los psicólogos sostienen que los rumores tienen una base biológica y estudios científicos revelan que los humanos somos chismosos por naturaleza, así que no te sientas mal si un día te levantaste a las 3 de la mañana para ver un especial sobre la vida secreta de tu artista favorito, no es tu culpa.

Utilizamos el chisme como un método de control social para aislar a personas que podrían hacernos daño. “Es una herramienta de interacción muy sofisticada que cumple varias funciones importantes que van desde controlar conductas de grupo hasta definir la adaptación del individuo a ese grupo”, indica el profesor de biología y antropología David Sloan Wilson, quien llevó a cabo un estudio sobre este tema en la Universidad Estatal de Nueva York.

Es decir, tú te fijas en la vida de las otras personas para enterarte de si puedes confiar en ellos o no y para saber si pueden hacerte daño. Si alguien hace algo malo y todos lo saben, esa persona debe cambiar su comportamiento para recuperar su reputación. Por eso los chismes se utilizan para destruir carreras políticas, y claro, para tenerte pegada al televisor cuando dan tu programa de farándula favorito.

Y es que según importantes científicos, rumorear no es del todo malo. “El chisme tiene un significado evolutivo y su función principal es la de construir y mantener las relaciones sociales” afirma el investigador Robin Dunbar, de la universidad de Harvard. El experto explica que al ser seres sociales, necesitamos aliarnos con otros humanos para sobrevivir, y eso lo hacemos, entre otras cosas, hablando mal de nuestros enemigos. Eso explica por qué los chismosos tienen tantos amigos a pesar del mal que le hacen a sus ‘víctimas’.

Si quieres tener una vida social agitada y exitosa, puedes dejarte llevar por tu naturaleza y dedicarte a chismear, pero recuerda, las habladurías tienen un lado oscuro: ¡puedes resultar siendo tú la víctima!

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