Bienestar

Un minuto dura un segundo, o menos

Invertí un minuto y ocho segundos para ver un video en el que me quieren decir qué cosas hacer  durante un minuto. Más exactamente eran diez maneras de ser productivo en sesenta segundos. Era, únicamente, una lista de diez actos que, dependiendo de las aptitudes o actitudes de alguien, se pueden o no, realizar en tal tiempo. Un disparate.

A lo que viene esto es a que invertí más de un minuto (el video miente porque me hace invertir, por no decir perder, ocho segundos más) para que me dijeran lo que en realidad se puede hacer en un solo segundo: Identificar algo qué delegar; postear en LinkedIn (y si no tengo cuenta allí, ¿la creo?); crear carpetas y llenarlas con cosas que nunca leeré; descargar aplicaciones que luego se borrarán (para ser productivo, obvio); enviar un correo electrónico agradeciendo a una persona que me haya ayudado, y que posiblemente me ayudará de nuevo en el futuro (o sea, preparar el terreno, peinarlo para el bofetón), probar todos los lapiceros que hay en mi escritorio (aunque no trabaje en un escritorio), organizar el escritorio de mi computador (aunque no trabaje en un escritorio), pedirle a un compañero de trabajo que todavía no conozca bien que vayan a almorzar juntos (no aclara si invitarlo o pedir que me inviten), leer noticias e historias interesantes (en seis segundos, que es el tiempo que le corresponde al último, y a cada paso, o menos, si los demás tardaron más de lo debido).

En realidad  se gastaría menos porque, ya es sabido desde las cavernas, el tiempo va más lento cuando esperamos y más rápido cuando nos esperan. Por ejemplo, este texto lo escribí en una pequeña fracción de segundo y todo aquel que lo lea (mi mamá y yo, quizá) invertirá bastantes segundos. Y algunos toda la vida; los que no llegaron jamás a este punto final.

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