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8 frases que tú debes cambiar en la crianza de tus hijos

¿Quieres saber qué dicen los expertos sobre la crianza? No lo decimos nosotros, sino la ciencia, y es que aunque puedan parecer normales y sean usadas en el cotidiano, no se recomienda usar las siguientes frases.

Si bien muchas de las frases que nombraremos a continuación son bastante comunes en la actualidad, puede que no tengan un resultado tan positivo. La realidad es que muchos de nosotros fuimos criados con mano firme, con métodos estrictos que no reconocían muchos méritos, sin embargo, hoy en día está pasando lo opuesto.

Muchos padres modernos tienden a exaltar de manera excesiva las acciones de los niños, con frases que podrían afectar el desarrollo de su autoestima y capacidades autocríticas.

1. “¡Eres muy inteligente!”

Según varios expertos del desarrollo durante la primera infancia, los cumplidos tienen el propósito de aplaudir, y por ende motivar, la buena conducta y el ser o no inteligente no es una conducta, sino más bien habilidad que no pueden controlar.

“Piensan que nacemos con cierto nivel de inteligencia: si les va bien en la escuela es porque son inteligentes, pero si tienen malas calificaciones se debe a que no lo son”

Comentó la psicóloga Christina Brown.

Es por esto, que alabar la inteligencia de los niños no es útil y los expertos recomiendan exaltar los esfuerzos de los pequeños, mucho más que su inteligencia ya que es algo inherente de cada quien. Si se le atribuye todo a la inteligencia, cuando crezcan se sentirán inhabilitados a la hora de superar obstáculos en lugar de motivados a realizar el esfuerzo debido.

“Frases como ‘estoy tan orgulloso de lo mucho que te esfuerzas en matemáticas’ o ‘me enorgullece lo mucho que estudiaste para tu examen’ le dicen al niño que las metas se logran con esfuerzo”

Explica la doctora Brown.
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2. “¡Estoy orgulloso de tus calificaciones!”

Claro que un padre se siente orgulloso de las buenas calificaciones de sus hijos, y de todos sus logros en general, pero la recomendación es que en vez de comentar acerca del número en específico, es bueno reconocer todo lo que hizo para conseguirlo y lo que ha avanzado en su proceso.

Las investigaciones han descubierto que las personas somos más felices cuando nos orientamos al crecimiento”

Menciona al respecto la psicóloga Laura Markham.

Un estudio reciente de la Universidad de Standford, reveló que el reforzar estos procesos durante la temprana edad, hará que los niños sientan que lograron esas buenas calificaciones gracias al esfuerzo y el trabajo invertido a lo largo de su educación, lo que, a su vez, generará motivación y la sensación de satisfacción.

Esto les hará entender su progreso académico de una manera mucho más realista y enfocada hacia el crecimiento de los logros y todo lo que ello implica, más allá de una buena nota.

“Por ejemplo, un niño al que no le encante leer pero que se haya esforzado en terminar su primer libro debe escuchar palabras de apoyo: ‘realmente te esforzaste, te mantuviste concentrado y lograste terminar ese libro.’ Obtener ese tipo de reconocimiento hará que el niño esté más dispuesto a esforzarse.”

Destacó Markham.

3. “¡Tus dibujos son tan hermosos!”

Esta frase es un tanto compleja de entender. Lo más seguro es que genuinamente creas que sus dibujos sí son lo más lindo que has visto, sin embargo, alabarlos de manera exagerada, les creará la necesidad de estar recibiendo la aprobación externa constantemente, en lugar de satisfacerse por el simple hecho de lograr sus metas personales.

“Le enseña al niño que su trabajo siempre será evaluado por otros, lo que reduce su confianza en sí mismo. También les enseña a ‘producir’ más y más pinturas con menor esfuerzo, ya que siempre les parecerán hermosas a sus padres”.

Comenta la prestigiosa psicóloga infantil.

Lo recomendable, para no demeritar el proceso de ninguna manera, es reconocer la dedicación y observar particularidades muy detalladas del dibujo, por ejemplo, hacer énfasis en las formas o en los colores. También es importante preguntarles que opinan ellos mismos sobre sus dibujos.

“No es tu aprobación la que debería importarles: es la suya. Tu misión es impulsar el interés de tus hijos en lo que están haciendo. “¿Por qué no concentrarse en el esfuerzo y en lo que el niño hizo o sintió en lugar de evaluar el producto final?”

Dice la doctora Markham.
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4. “¡Eres bueno!”

Definir a un niño como “bueno” o “malo”, implica un juicio directamente sobre ellos mismos y resta valor a sus acciones. Lo mejor que puedes hacer en estos casos, es calificar las acciones o actitudes que tenga tu hijo, no a tu hijo en sí.

“Todos los niños saben que no siempre son ‘buenos’ y que tienen pensamientos y sentimientos que sus papás no aprobarían. Así que si les dices que son buenos, necesitan desmentirte portándose mal. O podrían esforzarse en mantenerte engañado, lo que hará que oculten su verdadero ser y se muestren como personas perfectas, lo que es todavía peor”

Comenta la doctora.

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5. “¡Eres tan bonita!”

Lo más común es que hagamos más observaciones sobre la apariencia física de las niñas, no de los niños. Lo tenemos tan normalizado dentro de nuestra cultura, que generalmente pasamos estos detalles por alto, pero la realidad es que esto es una clara evidencia de la desigualdad de género a la que se encuentran sometidas las mujeres desde la infancia.

“El problema radica en los mensajes que las niñas constantemente reciben, están creciendo en una cultura donde su valor siempre se relaciona con su apariencia, así que el mensaje colectivo que aprenden es que necesitan ser bonitas para ser valiosas”.

Señala la doctora Brown.

Muchas investigaciones han revelado que, al menos la mitad de las niñas, sufren de algún tipo de presión por su apariencia durante la escuela primaria. Por otro lado, ser bonita o no, no es precisamente algo que las niñas puedan controlar y menos a una edad tan corta, por lo que es probable que si una niña no se siente tan linda como las demás, se considere menos valiosa.

“En general, no existe una razón para evaluar la apariencia de una niña: solo hay razones para no hacerlo.”

Concluye la doctora Markham.
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6. “¡Lo hiciste muy bien!”

Muchos padres utilizan esta expresión constantemente, no obstante, no es la más efectiva a la hora de motivar a los pequeños, pues podrían convertirse en unos “adictos” a la aprobación y a las felicitaciones constantes. Es claro que amamos a nuestros hijos y queremos hacerlos sentir bien, pero alabar cada pequeña acción mata su capacidad de autoevaluación personal.

“El niño aprende habilidades para obtener la aprobación de sus padres y deja de buscar la recompensa propia de la habilidad en sí. Esto elimina su propia motivación.”

Reflexionó al respecto la doctora Brown.

También es importante tener en cuenta que “lo hiciste bien” es una frase muy poco especifica y no da ningún tipo de indicio preciso para que el niño comprenda que es lo que hizo bien. La psicóloga infantil propone cambiar esta frase genérica por expresiones positivas sobre tareas o logros específicos, por ejemplo, “gracias por ayudarme a poner la mesa”.

7. “¡Eres el mejor!”

Incluso si tu hijo es el mejor en algo, lo cual es casi imposible, repetirles esto de manera continua, podría fijar expectativas irreales, generando así una sensación de frustración constante en su desarrollo y ejecución de metas.

“Ofrecer un halago tan absoluto puede presionar a los niños y hacer que crean que deben destacar en todo, lo cual es prácticamente imposible. Los niños pueden llegar a sentirse inútiles, o puede hacer que se limiten a actividades en las que sí saben que son buenos”

Dice el doctor Donahue.

Lo que provoca este tipo de comentarios es que los niños dejen de esforzarse por hacer las cosas mejor, ya que con el mínimo esfuerzo será suficiente para ser halagados. El método más efectivo a la hora de proponer y definir metas, es fijar estándares realistas, comparando a los niños únicamente con sus logros pasados, no con los demás.

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8. Cualquier reconocimiento que no sea sincero

Los niños tienden a detectar cuando alguien no es honesto con ellos y saben que muchas veces no dices la verdad cuando expresas supuesto orgullo o interés por lo que hacen.

“Los niños reconocen con facilidad cuando sentimos decepción o cuando nuestros halagos son débiles, poco sinceros o, peor aún, sarcásticos. Uno de los deseos más importantes de los niños es obtener el cariño sincero de sus padres, su apoyo y su crítica constructiva”

Comentó el doctor Donahue en su investigación.

Por ejemplo, si tu hijo no canta bien , lo mejor es que reconozcas su valor al hacerlo sin vergüenza, en lugar de mentirle diciendo que lo hizo muy bien. Un estudio llevado a cabo en Corea del Sur, señaló que los niños son muy perceptivos y sensibles frente a los comentarios falsos o exagerados y que estos están estrechamente relacionados con un mayor índice de depresión infantil.

“Los padres no deben considerar a los halagos y reconocimientos como una opción para fomentar la autoestima porque no sirven para eso. Es mejor usar los halagos para reforzar los atributos específicos que queremos fomentar en nuestros hijos y así ayudarlos a convertirse en adultos exitosos”.

Dijo finalmente Donahue.

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