Las palabras del padre de Valeria Afanador, durante el sepelio de la niña, conmovieron profundamente a una nación entera que aún llora su partida y exige justicia por su caso.
Foto: Redes sociales
El trágico caso de Valeria Afanador ha sacudido profundamente a Colombia. Desde el viernes 29 de agosto, cuando se confirmó el hallazgo de su cuerpo en el río Frío, en Cajicá, los mensajes de solidaridad no han dejado de llegar. La tristeza por su pérdida ha unido a todo un país en un duelo colectivo.
Las autoridades continúan avanzando en las investigaciones para esclarecer los hechos y dar con los responsables de este crimen que ha causado una ola de indignación en la opinión pública. Al mismo tiempo, la comunidad ha expresado de forma constante su rechazo, su dolor y su deseo de justicia.
Uno de los momentos más conmovedores fue el testimonio del primo de Valeria, quien rompió el silencio y habló públicamente tras conocerse la dolorosa noticia. Sus palabras reflejaron con fuerza el profundo sufrimiento que atraviesa la familia y resonaron con quienes han seguido de cerca este doloroso caso.
En Cajicá, lugar donde vivía la menor, se le rindió un homenaje lleno de emotividad. Lo que comenzó como una despedida íntima, terminó convirtiéndose en un multitudinario cortejo fúnebre. Amigos, vecinos y ciudadanos en general se unieron para acompañarla en su último adiós, dejando claro que su partida dejó una huella imborrable en la comunidad.
Una despedida llena de amor y colores
Desde temprano, a las 8:30 de la mañana, cientos de personas se dieron cita frente al centro comercial Centro Chía para iniciar la caravana fúnebre que acompañó el cuerpo de Valeria hasta su última morada. El recorrido, cargado de flores y manifestaciones de cariño, cruzó varios puntos hasta llegar a Cajicá, el municipio donde la pequeña creció y que ahora la despide con profundo pesar.
El homenaje central tuvo lugar en el Club Edad de Oro, donde familiares y allegados ofrecieron un tributo lleno de recuerdos y emociones. Más tarde, el féretro fue trasladado a la Iglesia Inmaculada Concepción, donde a las 3:00 p. m. se realizaron las exequias en medio de un ambiente de recogimiento, dolor y unidad.
Uno de los detalles que más tocó el corazón de los asistentes fue la petición de la familia: vestir ropa de colores vivos como símbolo de la luz y la alegría que caracterizaban a Valeria. Para sus seres queridos, era una forma especial de honrar su memoria y mantener viva la energía que transmitía a diario.
Las palabras de un padre que despide a su hija
El domingo 31 de agosto, la comunidad de Cajicá se unió nuevamente para acompañar a la familia Afanador en uno de los momentos más difíciles: el sepelio de Valeria. Entre todos los gestos de solidaridad, el más impactante fue el mensaje de su padre, Manuel Afanador, quien, con la voz quebrada por la tristeza, tomó la palabra frente al féretro de su hija.
“Aprendimos que en los niños no hay maldad, vimos que los niños son amor. Y hoy, con mi alma partida en pedazos, le devuelvo a Dios ese angelito que me mandó, que me hizo muy feliz, que me hizo reír, que me hizo llorar, pero que durante 10 años aprendí a que Valeria era mi mundo”, expresó, conmoviendo profundamente a los presentes.
En su discurso, también compartió el dolor que ahora convive con la esperanza:
“Con la fe de que algún día nos encontraremos y que me dé esos abrazos tan menudos, que me hacen mucha falta, pero que así mismo me dan la fortaleza de seguir adelante por la vida de Santiago y de Manuel (sus dos hermanos), por Luisa (la mamá de Valeria), por mis papás, por mis suegros, por mis sobrinos, por todos y por todas estas personas que hoy oran porque nuestra familia tenga un consuelo para que este ángel cubra este municipio. También estoy seguro de que todos ustedes orarán por justicia por Valeria, porque fue un hombre lleno de maldad quien nos la arrebató. De nuevo, no tengo sino agradecimientos para todos y cada uno de ustedes”.
Finalmente, cerró su mensaje con una despedida que nadie pudo escuchar sin lágrimas:
“Con todo mi corazón, Valeria de mi vida, la princesa que vino a pintar de mil colores mi vida, hoy se la entrego a Dios para que ilumine nuestra vida de esta familia. Eternamente, vuela alto con Dios, vuela alto”.
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