Con el aumento del salario mínimo ya definido, crece la expectativa entre los ciudadanos por saber cuánto podría costar el corrientazo en 2026 y cómo reaccionará el mercado ante este ajuste.
Foto: Redes sociales
Tras varias semanas de debates y negociaciones marcadas por la incertidumbre sobre el porcentaje que definiría el salario mínimo para 2026, en la noche del lunes 29 de diciembre el presidente Gustavo Petro anunció oficialmente el incremento que se aplicará, junto con los argumentos que sustentaron esta decisión.
Durante una intervención transmitida por los canales nacionales, el mandatario señaló que, contrario a lo previsto inicialmente, el ajuste no se realizó mediante decreto. En su lugar, la determinación se basó en el concepto de “salario mínimo vital”, una referencia que permitió establecer un porcentaje definido para el aumento del ingreso base.
¿Qué es el ‘salario mínimo vital’?
El presidente explicó el alcance de este término apoyándose en la definición de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). De acuerdo con lo expuesto, el salario mínimo vital es aquel ingreso “necesario para garantizar un nivel de vida digno a los trabajadores y sus familias”, permitiéndoles acceder a condiciones adecuadas de bienestar.
Este concepto se refiere al monto mínimo que debe recibir una persona no solo para cubrir sus necesidades básicas, sino también para asegurar una vida digna. A diferencia del salario mínimo convencional, el salario mínimo vital prioriza la suficiencia del ingreso, de manera que sea posible cubrir gastos como alimentación, vivienda, salud, educación, transporte y atender eventualidades.
En esta evaluación se consideran aspectos como una alimentación adecuada, vivienda digna, vestuario, acceso a servicios de salud, educación, transporte, así como un margen para imprevistos y participación social. Bajo estos parámetros, el incremento del salario mínimo para 2026 se fijó en un 23,7 %, lo que sitúa el salario en 1.750.905 pesos colombianos. A este valor se suma un auxilio de transporte de 253.118 pesos, alcanzando un total de 2.000.000 de pesos.
Panorama actual
El aumento del salario mínimo puso en el centro del debate uno de los gastos más habituales para millones de colombianos: el corrientazo. Este almuerzo popular, sencillo y accesible es fundamental para quienes deben comer fuera de casa durante su jornada laboral.
El precio del corrientazo está directamente relacionado con costos como la mano de obra, el transporte, los insumos básicos y los servicios, por lo que muchos ciudadanos permanecen atentos a posibles incrementos en su valor.
Actualmente, en varias ciudades del país, el costo de este almuerzo oscila entre los 14.000 y 17.000 pesos, dependiendo de la ubicación, el tipo de establecimiento y los ingredientes utilizados.
¿Cuánto podría costar el corrientazo en 2026?
Si el aumento del salario se trasladara de manera proporcional al precio del almuerzo —algo que no es automático ni obligatorio— un corrientazo que hoy cuesta 14.000 pesos podría aumentar cerca de 3.300 pesos, mientras que uno de 17.000 pesos tendría un alza aproximada de 4.000 pesos. En un escenario hipotético, el precio del plato podría ubicarse alrededor de los 18.000 pesos o incluso superar los 20.000.
Sin embargo, es importante aclarar que estos valores corresponden únicamente a una estimación teórica. No significa que el corrientazo vaya a incrementarse en ese monto ni que todos los restaurantes ajusten sus precios de la misma manera. En Colombia, el valor del almuerzo diario no está regulado de forma directa, por lo que cada establecimiento define sus tarifas según su estructura de costos, su clientela y su capacidad para absorber aumentos.
De igual forma, el Gobierno ha reiterado que el incremento del salario mínimo no debe trasladarse automáticamente a los precios finales y que cualquier ajuste debe realizarse de manera gradual.
Para los trabajadores, el corrientazo constituye un gasto relevante dentro de su presupuesto diario. En muchos casos, es una opción inevitable debido a los horarios laborales y las distancias, por lo que cualquier variación en su precio se refleja de inmediato en el bolsillo, incluso más que otros productos de consumo ocasional.
En este escenario, no se prevé un aumento inmediato, sino una fase de observación. Restaurantes, consumidores y autoridades estarán atentos al comportamiento del mercado durante los primeros meses del año. El aumento del salario mínimo ya está definido; ahora resta ver cómo se ajustará el precio de uno de los almuerzos más tradicionales del país.
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